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Por qué no debemos temer la búsqueda de vida extraterrestre

Pero en lugar de esperar que los extraterrestres hayan lanzado señales hacia nosotros, llamemos a su puerta… y llamemos su atención.

Durante más de seis décadas, un pequeño grupo de científicos ha intentado captar transmisiones de radio de otros sistemas planetarios, motivados por el hecho de que hacerlo demostraría que hay alguien inteligente ahí fuera. Este esfuerzo, conocido como SETI (Search for ExtraTerrestrial Intelligence), es sencillo y técnicamente bastante simple, ya que no requiere viajes interestelares ni para los alienígenas ni para los terrícolas. Se trata de un esfuerzo estrictamente pasivo que utiliza grandes antenas con receptores muy sensibles para olfatear señales en una amplia gama del dial de radio. Un ejemplo: Los informes de esta semana dicen que los investigadores chinos pueden haber captado señales de civilizaciones extraterrestres (o tal vez sólo fueron interferencias de radio).

En cualquier caso, algunos investigadores creen que deberíamos adoptar un papel más activo en la exploración del espacio cercano. Argumentan que deberíamos provocar a los alienígenas con nuestras propias señales, invitándoles a responder; una idea conocida como «SETI activo». En lugar de esperar que los extraterrestres lancen señales hacia nosotros, podríamos llamar a su puerta y llamar su atención.

En la práctica, esto equivale a apuntar secuencialmente un potente transmisor de radio a un sistema estelar tras otro mientras se transmite un mensaje amistoso (quizás similar a la placa grabada que se colocó en las sondas espaciales Pioneer en la década de 1970) que, se espera, desencadene una respuesta igualmente amistosa.

Esto parece sencillo, pero aún así hay que tomar algunas decisiones. Para empezar, ¿cómo codificamos el mensaje de forma que lo entiendan los extraterrestres, cuya capacidad de habla inglesa es seguramente insuficiente? Además, ¿qué información debemos transmitir? ¿Las obras de Shakespeare? ¿Los libros de la «estantería de metro y medio de Harvard»?

Recientemente, ha aparecido una nueva idea sobre la señalización cósmica. Es obra de un equipo mundial de investigadores dirigido por Jonathan Jiang, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de Pasadena (California). Como muchos de sus predecesores, el nuevo esquema de comunicación se remonta al breve pictograma transmitido desde el radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico) en 1974. Las matemáticas, la física, la astronomía y la biología son las piedras de toque de estos pictogramas, todas ellas materias que se supone que son obligatorias para los extraterrestres. No compartiremos un lenguaje común con los extraterrestres avanzados, pero podemos suponer con seguridad una familiaridad compartida con la ciencia y las matemáticas.

Sin embargo, la idea de intentar iniciar el contacto no es vista con buenos ojos por todos los miembros de la comunidad investigadora; los críticos de este enfoque más agresivo ven la posibilidad de un resultado calamitoso al traicionar nuestra existencia a seres desconocidos. Se ha comparado con gritar en un bosque oscuro. Las posibles consecuencias podrían ser nefastas, así que no debemos arriesgarnos. Debemos mantener la cabeza baja.

Se trata de un punto de vista muy popular, incluso respaldado por Stephen Hawking. Pero yo no estoy de acuerdo. Agachar la cabeza puede parecer un seguro barato contra la catástrofe, pero mi opinión es que los costes potenciales podrían superar cualquier beneficio potencial.

El Homo sapiens podría (¡podría!) seguir existiendo durante mucho tiempo, e insistir en que nunca, jamás, apuntemos un potente radiotransmisor hacia el cielo podría resultar un pesado albatros que gravitara sobre nuestros descendientes.

Recordemos que sólo nos pueden amenazar las especies que tienen los medios para venir aquí o enviar su armamento hacia nosotros. Cualquiera de las dos opciones exige un grado de sofisticación técnica muy superior al nuestro. Y si tales alienígenas ya están tan avanzados, entonces se puede suponer que tienen grandes antenas y equipos sensibles de recepción de radio, y que han tenido tales tecnologías durante un tiempo. Eso significa que, independientemente de su naturaleza personal, probablemente puedan detectar las señales de televisión, radio y radar que hemos estado lanzando al cielo desde la Segunda Guerra Mundial.

En otras palabras, ya es demasiado tarde para preocuparse por delatar nuestra posición. Además, si estamos de acuerdo en que los intentos de enviar señales a alienígenas desconocidos deberían estar prohibidos de alguna manera, ¿qué ocurre cuando establecemos colonias o estaciones de paso en otros lugares de nuestro sistema solar? ¿Ponemos límites a las transmisiones a estos puestos de avanzada debido al inevitable «derrame» de radiación que continuaría en el espacio profundo? ¿Y qué pasa con el uso del radar para establecer las órbitas de los cometas de largo período como una cuestión de defensa contra el tipo de impacto mortal que condenó a los dinosaurios? ¿Renunciamos también a eso?

El trabajo de Jiang et al. describe con detalle un esquema para enviar una postal informativa a otros habitantes de la Vía Láctea. La reacción del público a este trabajo ha sido modesta, y gran parte de la cobertura de la prensa se ha fijado en la propuesta de incluir imágenes de humanos desnudos. De esta información se podría concluir que el verdadero problema del SETI activo es la impropiedad de transmitir imágenes de humanos en cueros. En otras palabras, los guardianes del decoro terrestre parecen estar menos preocupados por la posible destrucción del planeta que por evitar que los extraterrestres vean el aspecto que tenemos debajo de la ropa. Desde mi punto de vista, ambas preocupaciones son descabelladas.

Fuente: Seth Shostak, astrónomo senior del Instituto SETI – nbcnews.com

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